<%@ page contentType="text/html;charset=windows-1252"%> <%@ include file="cab_ep.html" %> Asociación de Guías de Castilla La Mancha

Ciudad

ALBACETE CIUDAD

Albacete fue una villa que inició su protagonismo autónomo en los últimos episodios del medievo, con la política repobladora del marquesado de Villena. Conoció un importante crecimiento en el siglo XVI y terminó erigiéndose en una de las principales poblaciones del extremo oriental de la llanura manchega a través de la edad moderna. En 1833 alcanzó la condición de capital provincial.
En las primeras décadas del siglo pasado disfrutó de un período de esplendor; con el impulso económico pudo realizar importantes reformas urbanísticas, construir numerosos edificios y transformarse en una hermosa ciudad moderna, de amplias calles y cuidado aspecto urbano.
En la actualidad, Albacete aspira a consolidar su posición en la red urbana regional y a mejorar su función como centro de servicios de primer orden. La ubicación del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha y del Campus Universitario dedicado a ciencias de la salud, enseñanzas técnicas, humanidades y ciencias sociales, responde a este propósito. Dotada de un espléndido equipamiento comercial y cultural, ahora, como en otros tiempos pasados, la ciudad reclama la necesidad de volver a aprovechar las rentas de situación. El lugar que ocupa en el sistema nacional de comunicaciones le permite mantener su vieja condición de encrucijada natural y humana, un cruce de caminos para acoger el encuentro de viajeros de distintos lugares, ofreciéndoles entretenimiento y descanso, buen cobijo y mejor estar. Para conocer la ciudad no hay mayor acierto que organizar la visita desde algunos de los cuidados alojamientos hoteleros de Albacete, y aquí dedicar una jornada para disfrutar de su gastronomía y recorrer la ciudad.
Recomendamos callejear por el barrio de Carretas, asentamiento primero de la comunidad musulmana que dio su arábigo nombre a la originaria villa medieval, y entrar en sus restaurantes típicos y sus festivos lugares de encuentro; descender por la siempre animada calle Mayor hasta la Posada del Rosario, a la que sirve de acceso la puerta restaurada de la Casa de los Picos; subir a la espléndida plaza de Villacerrada, cuya uniformidad postmoderna sustituyó el compacto caserío de su núcleo histórico, todavía visible en la cercana Casa de Perona, en el Centro Cultural de La Asunción y en la Catedral, de sorprendente interior.
Desde aquí se debe ir hasta la moderna encrucijada que preside la estatua del Sembrador*, para transitar por el elegante eje principal norte-sur de la ciudad, contemplando los magníficos edificios del Albacete Contemporáneo, los de la Diputación Provincial, Museo Municipal, Gran Hotel, Colegio Notarial, Casas de Cabot, de Legorburo, el Pasaje de Lodares, la Cámara de Comercio… En el paseo, los escaparates de los comercios presentan una oferta variada y atractiva, en la  que los productos tradicionales cobran una especial significación. También es recomendable hacer un alto en cualquiera de las populares cafeterías, mesones y bares de esta zona para reponer las energías.
Después de pasear por el umbroso parque que emerge a la entrada de esta concurrida “calle Ancha” principal, y tras reposar la mirada en las salas del excelente Museo de Albacete, semioculto entre su soberbia pinada, podemos acercarnos hasta la flamante zona universitaria. Aquí, el atrevido Pórtico de La Mancha invitará al viajero a emprender un iniciático recorrido por los variados rincones de esta provincia y a descubrir los numerosos atractivos que guarda para él.

 

Miguel Panadero Moya. UCLM.

 

Provincia

TIERRA DIVERSA

"La provincia de Albacete se muestra como una tierra en que la diversidad tiene su casa. Cada rincón provincial puede singularizarse con un tipo particular de paisaje. La Mancha, de disposición horizontal, se extiende por el noroeste; las Cordilleras Béticas están situadas al sur y al este; y, por último, el zócalo paleozoico que aflora en la Sierra del Relumbrar y en el Valle el Río Guadalmena, desde Alcaraz hasta Villapalacios, en el límite de nuestra provincia con las de Ciudad Real y Jaén.
Dentro de su diversidad comarcal, en primer lugar, aparece el Campo de Montiel, que se extiende por el extremo occidental de la provincia, desde Barrax y Lezuza, hasta Ossa de Montiel, pasando por Viveros, El Ballestero, El Bonillo y Munera. Con unas formas de relieve de perfil suave y numerosos manantiales que nacen en esta zona. Los más importantes de los que vierten hacia el norte se reúnen en las Lagunas de Ruidera, un espacio natural de excepcional interés medioambiental y obligada visita. Viene después la Sierra albacetense, que presenta varias alineaciones más o menos paralelas. Constituido por agrestes escarpes y pliegues simples, estas montañas forman un relieve escalonado en el que destaca el agudo pico de La Almenara, un puntal que sobresale en el perfil del horizonte.
A continuación las elevaciones prosiguen hasta Elche de la Sierra, Liétor y Hellín. Un poco más hacia el sureste se encuentra el sector de Yeste, con fenómenos de encajamiento de los cauces del Tus y el Zumeta. Ya en el extremo oriental están las fuertes cornisas de Socovos y Benizar, con estrechos valles encajados entre montañas abruptas, en los límites de nuestra provincia con la de Murcia. Hacia el sur, la Sierra de Albacete alcanza sus mayores altitudes en la escarpada sierra del Taibilla, en Nerpio, en cuya vertiente septentrional se localizan las fuentes que dan origen al Segura, río que da nombre a esta sierra.
A este paisaje montañoso, aunque menos acentuado, pertenecen también las alineaciones de la sierra de Chinchilla de Monte Aragón que se alargan por el nordeste, desde esta pintoresca población hasta el límite de la provincia de Valencia. En los amplios corredores naturales emergen “muelas” como las de Alatoz y Carcelén, y “cerros testigos” como el Monpichel.
A tanta diversidad se opone, al centro y norte de la provincia, la homogeneidad de las llanuras de la Mancha de Villarrobledo y La Roda, de Los Llanos de la capital y de la Manchuela, ámbitos de notable horizontalidad. Cielo y tierra se confunden en la lejanía, regalando a sus laboriosos habitantes la serenidad del paisaje y las más hermosas puestas de sol que puedan contemplarse. Y al transitar sobre ella, el encanto del sorprendente Valle del Júcar. Su cauce forma un impresionante cañón de escarpadas paredes, en las que se instalaron algunas viejas poblaciones que aprovecharon esas características para establecer su medieval emplazamiento roquero.”

 

Miguel Panadero Moya. UCLM.

Arqueología

ARQUEOLOGIA

Para el viajero que desee conocer el patrimonio arqueológico provincial, es recomendable hacer una parada en algunos de los yacimientos emblemáticos de la provincia. A poco más de 10 km. de la capital, se encuentra el poblado de la Edad del Bronce conocido como El Acequión, con dos murallas circulares que lo rodean por completo. En Lezuza se localiza la Zona Arqueológica del Cerro del Castillo, que alberga los vestigios de la ciudad ibérica de Libisosa y la romana colonia Libisosana Foroagustana. Las excavaciones han puesto al descubierto diversas construcciones y edificios públicos, entre ellos el foro romano. La ciudad estuvo rodeada por una muralla con torres cuadrangulares.
En San Pedro se puede visitar el poblado ibérico de La Quéjola, y en Hellín, a aproximadamente 8 km. en dirección hacia Murcia, aparece el imponente peñasco sobre el que se asienta El Tolmo De Minateda, uno de los cinco Parques Arqueológicos de Castilla-La Mancha, con vestigios que atestiguan su ocupación desde la Edad del Bronce hasta época paleoandalusí. Del mundo ibérico conserva varias necrópolis de incineración en el propio cerro y en las proximidades. En época romana la ciudad es ornada con bellos y suntuosos edificios de los que se conservan numerosos restos arquitectónicos y escultóricos. Otros vestigios corresponden al momento de ocupación visigoda, destacando por su singularidad una amplia basílica con ábside y de tres naves.

 

Lucía Soria Combadiera. UCLM.

Castillos

CASTILLOS, TESTIGOS EN LO ALTO

Albacete, frontera entre Al-Andalus y Castilla, escenario de constantes operaciones militares, vio surgir en sus tierras castillos estratégicamente situados y torres vigías. Son vestigios de un tiempo que, ya desde altos riscos o desde altozanos en la meseta, nos recuerdan el pasado militar, fronterizo, repoblador y señorial de estas tierras. El castillo de Almansa, declarado conjunto histórico-artístico, es el mejor conservado de la provincia. Levantado en su origen por don Juan Manuel, data del siglo XIV. El trazado actual se debe a don Juan Pacheco, Marqués de Villena, a quien se le atribuye también la forma actual del castillo de Chinchilla. Dominando la población, desde un lugar privilegiado de la hoz del Júcar, encontramos al recientemente reconstruido castillo de Alcalá del Júcar. En Villa de Ves sólo quedan en pie las ruinas de su antigua fortaleza mientras que en Jonquera aún hay restos relativamente bien conservados de parte de sus murallas que nos hacen recordar la antigua ciudadela que fue. El castillo de la Orden de Santiago en Yeste, enclavado en un promontorio en el centro de la villa, todavía impresiona, como los restos existentes en Socovos. Las demás fortificaciones, Peñas de San Pedro, Alcaraz o Riópar, están más deterioradas, aunque ello no impide un paseo entre los restos conservados, algo que en el caso del castillo de Taibilla (Nerpio) parece que tiende a cambiar con los proyectos ligados al nuevo parque cultural.

 

Francisco García González. UCLM.